Caracas, 11 de agosto de 2010 (Prensa MPPEE).- La adopción de redes eléctricas inteligentes en Latinoamérica podría tener importantes repercusiones sobre gobiernos, empresas eléctricas y consumidores, según Alex Lima, director regional de ventas de Microsoft.
"La idea de una red inteligente se está volviendo muy popular en la región", señaló Lima. "Está cambiando las reglas del juego, porque la red inteligente tiene implicaciones políticas, sociales, técnicas y económicas".
Entre sus ventajas se encuentra una mayor eficiencia, una reducción del gasto energético y la generalización de las energías renovables, lo que favorece al medio ambiente y a la economía. Asimismo, los consumidores saldrían también beneficiados, ya que podrían generar su propia energía en casa y ser parte activa de la red.
Las redes eléctricas actuales no han cambiado desde que se concibieron a finales del siglo XIX. La idea básica ha consistido hacer llegar grandes cantidades de energía a los usuarios finales en todo momento, tanto si lo necesitan como si no. Además, se trata de una relación unidireccional: los consumidores son receptores pasivos y no pueden participar como posibles productores domésticos.
Otra de las desventajas de esta configuración es su baja eficiencia, con el consiguiente impacto medioambiental que supone la producción energética: algunas estimaciones hablan de pérdidas de hasta el 20% de la energía que distribuye, sin contar los fallos en el servicio.
Con las redes eléctricas inteligentes, los ciudadanos podrían contar con sus propios sistemas renovables para autoconsumo y devolver al tendido eléctrico la energía sobrante, evitando su pérdida.
Por ello, cada vez más expertos proponen la sustitución de esta red por otro sistema que denominan "inteligente", en virtud de las aplicaciones que permite y las nuevas tecnologías en las que se sustenta.
Las ventajas de esta red eléctrica inteligente serían diversas, y entre sus máximos beneficiarios se encontrarían los consumidores y las energías renovables. Uno de los problemas de estas energías, como la solar o la eólica, es que se producen de manera irregular y en lugares donde no hay una infraestructura eléctrica capaz de aprovecharlas al máximo. Las nuevas redes tendrían en cuenta las peculiaridades de las renovables y permitirían su generalización, no sólo en los grandes centros de producción, sino también a escala doméstica.
En este sentido, al tratarse de una red bidireccional, los ciudadanos podrían contar con sus propios sistemas renovables para autoconsumo, y devolver a la red la energía sobrante, evitando así su pérdida. El nuevo sistema permitiría también la generalización de los coches eléctricos, ya que la red estaría preparada para recargarlos cuando lo necesitaran de manera más eficiente.
Con una red de este tipo, razonan sus defensores, la industria del automóvil aceleraría la sustitución de los actuales coches de motor de explosión por los eléctricos, una decisión que el medio ambiente agradecería.
El ahorro energético también se lograría gracias a la aplicación de nuevas tecnologías que optimizarían el gasto, apagarían los aparatos si no se están utilizando, o informarían en todo momento del consumo eléctrico.
Algunas iniciativas
Este año, Silver Spring Networks, proveedor de redes eléctricas inteligentes con sede en EEUU, anunció que abrirá su primera oficina en Brasil en el estado de São Paulo. El mes pasado, la española Gas Natural Fenosa compró a la estadounidense Conectisys, tecnología de red inteligente para sus operaciones de distribución en Nicaragua.
En la Unión Europea (UE) están en marcha diversos proyectos internacionales, como Der-Lab, en el que participan nueve centros tecnológicos, entre ellos el español Tecnalia. Por su parte, algunas ciudades también cuentan con proyectos de implantación de estas redes.
Por ejemplo, el Ayuntamiento de Amsterdam, en colaboración con varias empresas, lleva a cabo un plan de transformación ecológica para los próximos años, en la que incluye coches eléctricos, paneles solares o una red eléctrica inteligente. En este último caso, ya están haciendo pruebas en la avenida comercial Utrecht, y se espera gastar 100 millones de euros anuales hasta 2016 para transformar toda la red urbana. Y en España, el proyecto piloto "Smartcity" instalará en Málaga durante los próximos tres años un sistema inteligente energético. Sus responsables, la consejería de Andalucía y la empresa Endesa, prevén invertir 30 millones de euros.
Los expertos recuerdan que se trata de proyectos piloto que necesitarán un mayor grado de desarrollo y optimización.
Asimismo, el concepto "inteligente" se está utilizando de forma muy amplia, por lo que hay grandes diferencias entre los proyectos en marcha. Por ejemplo, en algunos casos se autodenominan redes inteligentes sólo por emplazar contadores digitales, mientras que en otros casos se emprenden transformaciones mucho más profundas de la red y con instalaciones de energías renovables. Por ello, se requiere unificar criterios para evitar falsas expectativas.
En cualquier caso, uno de los grandes retos es la enorme inversión necesaria para transformar la red eléctrica. Por ejemplo, se estima que solo en EE.UU. serían necesarios unos 125.000 millones de euros hasta 2025. Algunos expertos recuerdan que las compañías eléctricas perderán el control absoluto del negocio, por lo que a priori no las convierte en las principales defensoras de este cambio. Por todo ello, consideran, la puesta en marcha de estas nuevas infraestructuras necesitará de un apoyo mundial en el que tomen parte gobiernos, instituciones, empresas y consumidores.
Fuente: BNamericas






